13 de julio de 2010

no mandaron el 5; CAPITULO 6

Capítulo 6
El Abad de St Mary
La carreta cubierta se movió lentamente hacia el bosque de Sherwood. Era pesada y el camino estaba lleno de hoyos. Los caballeros miraron la vía en frente de ellos con cuidado. Buscaban fugitivos en los árboles.
“Estamos en la mitad del bosque ahora”, dijo uno de los caballeros. “Estoy seguro de que Robin Hood y sus hombres van a atacarnos pronto. No se preocupen. El Sheriff y sus hombres vienen desde Nottingham y vamos a atrapar a los fugitivos cuando nos ataquen. Los vamos a matar a todos”
De repente una flecha voló desde el bosque. Le llegó a uno de los caballeros en el pecho. El caballero no resultó herido, porque llevaba una armadura bajo su ropa de monje.
Luego, un hombre alto se paró en el camino.
“Deténganse allí mismo” gritó el hombre alto. “Soy Robin Hood. Todas las personas que pasan por el bosque de Sherwood tienen que pagarme un impuesto.”
Inmediatamente las cubiertas de la carreta se abrieron y hombres armados con ballestas saltaron fuera. Los caballeros sacaron sus espadas y uno de ellos sopló un cuerno de caza.
Otro cuerno de caza respondió desde lejos del camino. ¡Los hombres del Sheriff venían!
El hombre alto se mostró sorprendido. “¡Corran, hay muchos de ellos, estamos rodeados! Gritó, pero los caballeros no lograron ver a quienes les gritaba.
“¡Vayan tras el!, gritó uno de los caballeros. “¡Es Robin Hood, Atrápenlo!
El hombre alto corrió dentro del bosque y los caballeros lo persiguieron. Lo siguieron los soldados y los hombres de las ballestas. Fueron tras él por la mitad del día, pero Little John conocía muy bien el bosque y los caballeros no lograron atraparlo.
Little John había estado solo. Los otros fugitivos estaban con el verdadero Robin Hood en otra parte del bosque.


Robin estaba parado en la mitad de un camino angosto cuando el molinero apareció. El molinero estaba conduciendo en la carreta abierta más pequeña. Dos caballeros montando caballos estaban al lado de él. La mujer y el niño caminaban un poquito detrás de ellos.
“¿Adónde vas buen molinero?, dijo Robin.
El molinero no respondió. En cambio, el caballero que hablaba inglés dijo, “Vamos hacia Nottingham. Déjanos pasar. ¿O pretendes herir a esta mujer y al niño?”
“Le estoy hablando al molinero”, dijo Robin, “déjalo responder”. Pero el gordo molinero no dijo nada.
Entonces, Robin caminó hacia la carreta. “Todos los viajeros que pasan a través del bosque de Sherwood deben pagar un impuesto”, le dijo al molinero. “Tomaremos un poco de su harina, pero nos llevaremos solo las bolsas pequeñas”.
La cara del molinero se puso roja. De repente metió su mano dentro de su camiseta y sacó una espada, pero Robin se la detuvo.
“Esta es una espada muy bella”, dijo Robin. “No pertenece a un molinero, estoy seguro. La tomaré como un regalo de su parte”.
Luego, Robin empujó al molinero fuera de la carreta, dejándolo en el camino.
De repente, veinte fugitivos salieron de los árboles. Apuntaban sus arcos y flechas hacia los caballeros. Ellos y el molinero estaban rodeados.
“Soy Sir Roger de Doncaster!, dijo el caballero que hablaba inglés. “¿Quién es este fugitivo que le roba a una mujer y a un pobre molinero?”
“Soy Robin Hood del Bosque de Sherwood”, respondió Robin. “Y vamos a ver si este molinero es verdaderamente pobre”.
Luego, dos de los fugitivos su subieron dentro de la carreta. Movieron las bolsas más grandes de harina y debajo encontraron cuarenta bolsas de coronas de oro (monedas de oro (Y)).
“Dígame, ¿cómo un molinero puede tener cuarenta bolsas de coronas de oro?, preguntó Robin. “¿Quién es el verdadero ladrón aquí?”.
El molinero no respondió. En cambio, vio silenciosamente como los fugitivos levantaban las cuarenta bolsas de oro desde la carreta.
“Ahora vayan en paz”, dijo Robin. “Y denle mis buenos deseos al Sheriff de Nottingham.
Y así los caballeros, el abad y la mujer siguieron su camino hacia Nottingham. Robin y sus hombres volvieron a su campamento en la mitad del bosque. Se llevaron las cuarenta bolsas de oro con ellos.
El Abad de St Mary no era más pobre por culpa de Robin Hood. El oro no era de él, era un impuesto que habían recolectado para el Sheriff de Nottingham. Pero aún así el Abad seguía siendo un hombre muy enojado.
“Tendré mi venganza”, le dijo a Roger de Doncaster. “¡No me importa cuanto tiempo me tome, peo encontraré la manera de matar a Robin Hood!”.

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